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miércoles, 31 de octubre de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... "La nostra vita" (Daniele Luchetti, 2010)


  El cine italiano está lejos de su época de máximo esplendor, aquella de los años cincuenta y sesenta, la del neorrealismo y la comedia all'italiana, con nombres como Mario Monicelli y Vittorio Gassman, y títulos como I soliti ignoti (titulada en España "Rufufú", quién sabe por qué; y eso que el título inglés tampoco se queda corto) o El ladrón de bicicletas, por citar los más conocidos de los autores antes citados. Tampoco ha vuelto a surgir un director de la talla, reconocimiento e importancia de Pasolini o Fellini. Sin embargo, si se sabe buscar y uno se interesa por la cultura de ese país maravilloso, se siguen encontrando directores y películas interesantes. Es el caso del bastante reconocido Nani Moretti con obras como La habitación del hijo o Habemus papam y del cada vez más laureado y conocido Paolo Sorrentino, de quien ya reseñamos su magnética y desconcertante Un lugar donde quedarse. Por mi parte, tengo especial querencia por Ferzan Özpetek, que a pesar de lo irregular de su carrera y de cierta repetición en los temas, firma obras tan conmovedoras como La ventana de enfrente y Hamam, el baño turco. A esta lista de directores a seguir se suman, desde hace poco tiempo, Luca Guadagnino, que llamó mi atención con la intensa y estética Yo soy el amor y Daniele Luchetti, que dirigió una gran película titulada como una gran canción de Rino Gaetano: Mi hermano es hijo único. 

  Así pues, alentado por esta última película, vi hace unos días otra película suya: La nostra vita, que narra la lucha por sobrevivir a la tristeza de un obrero de la construcción, padre de tres hijos pequeños que se queda viudo tras la muerte de su mujer en el parto del último retoño. Dirigida con personalidad y nervio, lo que más destaca de la cinta es, sin ninguna duda, su actor protagonista: un inmenso Elio Germano. Su interpretación es una de las más sinceras y dolorosamente humanas que recuerdo haber visto. Por ello, ganó el premio al mejor actor en Cannes, junto a Javier Bardem, que se lo llevó por Biutiful. Podría glosar más virtudes suyas pero creo que la siguiente escena lo dice todo. 

  Este hombre se encuentra en el funeral de su mujer. Suena la conmovedora canción de Vasco Rossi Anima fragile, una de las favoritas de la pareja, como pudimos ver durante los primeros minutos del film, en el que al ritmo de esta canción se sucedían escenas de amor cotidiano y feliz. En esta escena, este hombre canta, y se desgarra. Su interpretación es lo bastante elocuente, pero además, tenemos la letra de la canción:
 E la vita continua/anche senza di noi/che siamo lontani ormai/da tutte quelle situazioni che ci univano/da tutte quelle piccole emozioni che bastavano/da tutte quelle situazioni che non tornano mai!/ Perché col tempo cambia tutto lo sai/cambiamo anche noi/ e cambiamo anche noi!


  
  Hace apenas un mes canté esta misma canción con un amigo italiano en un coche que me llevaba al aeropuerto de Malpensa, después de tres emocionalmente intensos, agotadores y divertidos días pasados en Italia, a donde fui en viaje relámpago para celebrar junto a él y otros amigos, la vida de un amigo común, que ya no está. Cantamos esta canción, y lo hicimos sonriendo. Habíamos sobrevivido a la tristeza, y aprendido a convivir con la ausencia, y sonreíamos, precisamente porque sabíamos de la importancia de ser felices tras el estallido de la tragedia. Como Germano en la película, como todos. Porque la vida continúa, también sin nosotros. 

miércoles, 13 de junio de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... Soldados de Salamina (David Trueba, 2003)

    Esta vez, van a ser dos escenas a recordar de esta interesante película, merecedora de más reconocimientos de los que finalmente tuvo. 

  En ella encontramos una escena  que se cuenta entre las más recordadas del cine español de la pasada década, es un homenaje, en la figura de ese soldado casi niño que acaba salvando del fusilamiento a quien debía ser su enemigo, Rafael Sánchez Mazas, es un homenaje, decía, a esos buenos sentimientos que proclamó el director al describir el film: la película trata de la soledad, de la recuperación de las ganas de vivir y de los buenos sentimientos como razones para seguir viviendo. 

  
  Sin entrar en consideraciones políticas a las que este país siempre está dispuesto a agarrarse a la mínima con tal de partirse la cara, se trata de una buena escena y de una buena reivindicación. La de la luz, aunque sea mínima, en la oscuridad; la de las buenas acciones desinteresadas que no tienen mayores consecuencias, en mitad de una guerra atroz. Porque todas las guerras son una putada, una salvajada, a veces más para unos que para otros, es verdad, pero en todas las guerras se mata impunemente, porque en las guerras la gente se mata, como dice el personaje de Ariadna Gil a ese anciano interpretado por Joan Dalmau y que bien podría ser ese niño soldado, pues con su magnífico y conmovedor monólogo también nos da una razón para seguir viviendo.


  Por último, decir que la canción que canta el soldado y que se convierte en el tema principal de la banda sonora del film es el famoso pasodoble "Suspiros de España", versionado magníficamente por  Diego El Cigala, y que afianzó aún más su popularidad tras su maravilloso disco "Lágrimas negras". De este pasodoble, dijo el escritor Fernando Sánchez Dragó, que debería ser instaurado como himno español, propuesta a la que me uno.

martes, 22 de mayo de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... 500 días juntos (Marc Webb, 2009)

  Película de culto de la pasada década, sobre todo entre la población joven y/o de tendencias indies, "500 días juntos" (cuyo título original, "500 days of Summer", más apropiado, crea un juego de palabras entre el nombre de la protagonista, Summer, y el significado que éste encierra, verano, para así dar cuenta no sólo de ese año y medio largo de la relación del panoli protagonista tan brillantemente interpretado por Joseph Gordon-Levitt como del estado de enamoramiento, de verano perpetuo, en el que él vive) es una de las películas que mejor ha retratado esa difícil e intangible zona que separa, en algunos casos, la amistad del amor. ¿Se puede ser sólamente amigos una vez que se han pasado ciertas barreras? Según Antonio Gala, el amor es una amistad con momentos eróticos, pero ¿y al revés? ¿La amistad es un amor sin momentos eróticos? Yo creo que sí, que la amistad es amor, a veces más importante e intenso que el amor a una pareja. ¿Pero entonces que son los follamigos? Aún es más, ¿existen realmente los follamigos? O se folla o se es amigo, pero las dos cosas a la vez durante mucho tiempo no creo yo que dure. Algo hay que sacrificar.

  Complejo tema abordado tanto en la música, con el excepcional tema "Agua" de Jarabe de Palo, como en otras películas tanto posteriores como la también indie y de culto "Bon appétit. Historias de amigos que se besan" de David Pinillos (El título lo dice todo. A propósito, una amiga, cuando se la recomendé, me dijo: Sí, quiero verla, pero me da miedo: me recuerda demasiado a nosotros. Y con nosotros se refería a más gente a parte de nosotros dos...)como anteriores, como el clásico contemporáneo "Cuando Harry encontró a Sally" de Rob Reiner de quien esta película es digna sucesora.

  Disfrutemos de esta escena, una de las que mejor y de manera más gráfica ha retratado una de los males de nuestro tiempo: la construcción de falsas expectativas, ya sean infundadas o no. He de decir, que cuando se es como Tom Hansen o como yo, ilusos por naturaleza, no hace falta mucho para que empecemos a divagar y nos hagamos en treinta segundos una idea de nuestra vida en los próximos cincuenta años. Claro, luego llega la realidad y te la pegas a lo grande, una y otra vez. A pesar de que los años y la experiencia atenúan este rasgo, es bonito tener esta clase de expectativas, no perder la ilusión por cualquier cosa, por muchas decepciones que esto traiga una y otra vez. Porque cuando esto sucede, cuando las expectativas coinciden con la realidad o las supera (a veces pasa, os lo aseguro),oh, amigos, eso es maravilloso.


domingo, 6 de mayo de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... Somewhere (Sofia Coppola, 2010)

         Esto es una prueba de paciencia. A ver cuántos son capaces de aguantar toda la escena sin adelantarla. Y a ver cuántos son capaces de, una vez llegado el final de la escena no pensar "¿Y esto qué es?".          
       
  Se podrían haber escogido otras muchas escenas, como ese larguísimo y comentado "zoom in" de Stephen Dorff respirando trabajosamente, su cara aplastada bajo una cantidad ingente de maquillaje plástico para hacerle una máscara; la tierna y cándida fiesta del té en bajo el agua bajo los acordes de una pausada versión de "I'll try anything once" de The Strokes o una grácil y luminosa Elle Fanning haciendo patinaje artístico bajo la atenta mirada de su padre al ritmo de "Cool" de Gwen Stefani, donde la canción nuevamente nos cuenta lo que no se dicen los personajes, entre otras. 

  Pero he elegido la escena que precede a los títulos iniciales y donde la música no suena sino hasta el final con las primeras notas de "Love like a sunset" de Phoenix, responsable de buena parte de la banda sonora (el líder de la banda, Tomas Mars, es su marido; son tan indies que da miedo). Si la escena inicial de una película debe resumir ésta, desde luego esta escena es ejemplar en eso. La película trata, con parsimonioso ritmo del vacío existencial de una estrella del cine en decadencia y cómo redescubre el sentido de la vida junto a su hija, a la que nunca ha cuidado mucho. Éste es el argumento de la película, no hay más, y la frase podría ser mucho más corta. El mérito es hacer una película, y que además sea buena, basada en la nada. 

  Y lo consigue, y esta escena da fe de ello. Se le achacó mucho esta falta de argumento a la película, así como escenas que no llevan a ninguna parte, pero la historia (la no historia, más bien) lo requiere: qué hace una persona que siente que no tiene vida, vacía, que siente que su vida no tiene valor. Nada, esa persona no hace nada. Se dedica a dar vueltas y vueltas y más vueltas con un lujoso coche deportivo que no le lleva a ninguna parte, porque no sabe a dónde va. Una metáfora perfecta de la película y del alma del personaje(un sorprendente y maduro Stephen Dorff). 

  Claro que lo que sigue, es más o menos igual, una suerte de película iraní bajo el prisma occidental y post-pop de una pija con talento, y que para eso, dirán algunos, mejor haber dejado esa escena como un corto en lugar de dos soporíferas horas, que para ver a gente no hacer nada, me veo Gran Hermano. 

  A mí me gustó, pero yo soy lento y tengo mucha paciencia.

 

viernes, 4 de mayo de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... Misterioso asesinato en Manhattan (Woody Allen,1993)


  Antológica escena de una de las mejores películas del Woody Allen maduro, antes de que la hiperactividad le llevara a hacer anuncios turísticos de calidad, a veces con más acierto, encanto y enjundia (Medianoche en París, y eso sólo para los enamorados de esa ciudad como yo) o topicazos cercanos a la vergüenza ajena (Vicky Cristina Barcelona). En el caso de este último, gustó mucho fuera de España mientras aquí nos veíamos reducidos al tópico. Conocí a muchos italianos a los que les gustó y no entendían mis críticas por sus uso de los personajes estereotipados (que siendo tan genial guionista como Allen, es una cosa triste de reconocer). Parece que con su próxima "A Roma con amor", los italianos entenderán la reacción de los españoles cuando Woody decidió pasearse por España. Eso sí, nos la veremos, vamos que si la veremos; como nos hemos visto todas las de este hombre. Aunque repita los mismos esquemas y los mismos personajes burgueses que, hastiados de su vida acomodada, se dan a la infidelidad o a la simple paja mental o, como en este caso, a la resolución de un asesinato. 

  Porque siempre esperamos que repita escenas geniales como esta que aquí traemos. Puro Allen explotando hasta el extremo su faceta más cómica e histriónica en ese personaje que se parece tanto a él mismo, y con esa pareja que lo fue en la vida real y que se llama Diane Keaton. Contiene además, una de sus frases más geniales.

  Disfruten. Las risas están aseguradas. 


miércoles, 11 de abril de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... Cuando Harry encontró a Sally (Rob Reiner, 1989)

  Vale, está más vista que el tebeo. Pero había que ponerla. El orgasmo más famoso de la historia del cine, hasta del porno. Meg Ryan entró en los anales (no pun intended)de la Historia del cine con esta escena al tiempo que dinamitaba su posterior carrera cinematográfica. Sí, tardó varios años en decaer y siguió haciendo comedias románticas del mismo corte (aunque ninguna tan buena como ésta) pero todos lo sabíamos: esto es muy difícil de superar.

  De paso, no sólo formó parte de toda antología de grandes escenas del cine, también inoculó el miedo y la sombra de la duda en todo hombre sobre la faz de la Tierra. Puede que ahora no la contrate nadie y que la cirugía estética le haya jugado una mala pasada a su cara, pero Meg Ryan se tomó su venganza por adelantado.

 Como curiosidad, la mujer mayor que aparece al final de la escena haciéndole un pedido al camarero es la madre del director.

jueves, 22 de marzo de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... La mujer pantera (1942)

  Una extraña y atractiva mujer de origen serbio empieza una relación con un hombre norteamericano al mismo tiempo que extrañas pesadillas protagonizadas por felinos la atormentan, así como sucesos inquietantes y muertes se desenvuelven en su entorno de manera inexplicable. Según la leyenda medieval, una maldición pesa sobre los habitantes de su aldea natal, convertidos por la noche en peligrosos felinos debido a su maldad. De ahí su título original: "Cat people".

  Joya del cine de terror fantástico, esta corta película, a pesar del tiempo transcurrido y de la pérdida de "impresionabilidad" del público, cada vez más acostumbrado a la casquería y las escenas explícitas y sangrientas, sigue siendo efectiva en su única pretensión: entretener dando miedo, pero un miedo basado en lo que no se ve, sino en lo sugerido, sabedor de que cualquier cosa que imaginemos nos torturará más que cualquier imagen que nos echen a los ojos. En este sentido, el espectador es su peor enemigo. Esta película, que hizo de su falta de presupuesto su mejor arma, conoció un gran éxito de crítica y público, y fue homenajeada por la excelente crítica a los entresijos de Hollywood titulada "Cautivos del mal" (The Bad and the Beautiful), basada en anécdotas reales y en la que el productor que es Kirk Douglas logra un éxito inesperado con su primera película rodada con cuatro perras "La maldición de los hombres pantera" en la que, por falta de dinero, lo único que pueden mostrar de las panteras, son unos ojos que brillan en la oscuridad. En "La mujer pantera" es el uso recurrente de un rugido estremecedor en la oscuridad lo que dota de presencia al mal que no se ve y cuya mejor muestra es la que es quizá la mejor y más famosa escena de persecución no motorizada de la historia del cine.

  Esta película conoció también un  remake realizado en 1982 por Paul Schraeder y protagonizado por Natassja Kinski, una versión más explícita (en cuanto a sexo y violencia) pero mucho menos perturbadora. Es interesante comparar los cambios entre esta escena de la piscina con aquella otra de su versión ochentera (empezando por el innecesario topless de la actriz) y cómo, a pesar del tiempo, la original es más efectiva e inquietante. (Una cosa que no viene a cuento: Cómo la bellísima Natassja Kinski pudo tener como padre a un ser tan feo, aunque genial actor, como Klaus Kinski, es otra historia, un misterio de la genética que debería ser estudiado.)

  Por cierto, "Cat People", es también el título de la canción que David Bowie compuso para ese "remake", y que, como curiosidad, también está presente en una escena de "Inglorious Basterds" (curiosamente, película en la que Natassja Kinski volvería a la primera línea cinematográfica interpretando a Bridget von Hammersmark, papel que finalmente recayó en Diane Kruger). ¿Recuerdan cuál?

lunes, 12 de marzo de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... Big Fish (2003)

A chi non lo rivedrà più

  La muerte de Edward Bloom, reconciliado finalmente con su hijo William, que ha entendido que la vida de un hombre son también sus historias. Que la vida quizá no sea más que una ficción. Personajes todos, unos vivimos cuentos de pocas páginas, y otros, novelones de más de mil. Pero no es el número de páginas lo que importa, sino la intensidad de la historia. Puede enseñar y emocionar más una parábola que una saga de varios volúmenes. 

  Lo que importa es la calidad del personaje protagonista, su impronta en la increíble historia de su vida, de nuestra vida.   Increíble porque, como decía Albert Einstein: Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro.
  
  Y así, si no nos reconciliamos con el Narrador, nos reconciliamos con una parte de la Historia, aquélla en la que personaje vivió, amó y creó. Porque, como dice William Bloom:

Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final él mismo se convierte en esas historias. Siguen viviendo cuando él ya no está. De esta forma, el hombre se hace inmortal.  


  P.S.: Para la banda sonora de la película, Eddie Vedder compuso una maravillosa canción que suena en los títulos de crédito finales y que por sí sola ya se ha convertido en un canto de vida y nostalgia. 



Good bye for now.

sábado, 10 de marzo de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... Philadelphia (Jonathan Demme, 1993)

  Impresionante escena de esta película, más valiosa por las interpretaciones de sus actores principales y por desmitificar y hacer un relato humano de la enfermedad del SIDA, que por la película en sí, que sin ser mala, ni mucho menos, no llega a la altura de otras obras del mismo director (después de El silencio de los corderos no queda sino caer).

  En todo caso, es una de las películas más destacadas de los años 90 y cuenta con una de las interpretaciones más aplaudidas de la Historia, con un Tom Hanks en estado de gracia, increíble actor cuyo empeño por ser el hombre estadounidense modélico, el marido perfecto, campechano sin mácula, me resulta un poco cargante (su homólogo español, salvando las insalvables distancias sería Ramón García, ese hombre querido por todos y del que nadie sabe qué piensa realmente). De cualquier manera, su actuación en esta película y en esta escena en particular en sencillamente impresionante. La intensidad con la que su personaje se agarra a una vida que sabe que se le escapa al mismo tiempo que lucha por su dignidad queda magníficamente retratada en esta escena que usa la música como conductor de las emociones y pensamientos íntimos del protagonista, tomando prestada la voz de Maria Callas (y también de Bruce Spingsteen, cuya canción "Streets of Philadelphia", compuesta para la película, ganó el óscar, así como Tom Hanks).

  Poco más se puede pedir.

viernes, 24 de febrero de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... (Uno de los) Primos (Daniel Sánchez Arévalo, 2011)

  Por una vez, no voy a mostrar el final de una película, sino su principio. Bueno, también es un cortometraje de lo que vengo a hablar. A ver cómo lo explico.
  
  "Primos", es una agradable comedia, de lo mejor que el cine español produjo el último año, con una historia tierna, divertida y sin mayores pretensiones. Todo ello es habitual en los trabajos de Daniel Sánchez Arévalo, así como la estupenda labor de esa familia de actores con la que se rodea en cada película y de los que consigue sacar notorias y sobresalientes interpretaciones. Él descubrió a Quim Gutiérrez para el gran público en "Azuloscurocasinegro" cuyo germen se encuentra en su cortometraje "Física II". 

  Sánchez Arévalo siempre ha sido y es un gran director de cortometrajes, formato que no considera de menor entidad que el largometraje, y ha dado muestras de ello con trabajos como los conocidos "Gol", "Exprés", "Pene","Profilaxis", "La culpa del alpinista", "Traumatología" (que también empieza en boda) y uno que me gustó bastante sobre una pareja de desconocidos enfrentada al fin del mundo de cuyo nombre no logro acordarme. Con los dos primeros ganó el Gran Premio del Jurado en la segunda y la tercera edición del festival Notodofilfest, el cual dirigió en su octava edición. Precisamente fue allí donde presentó este cortometraje que servía como tarjeta de presentación de su película "Primos": un genial monólogo para el lucimiento de Quim Gutiérrez, impagable primo. 

  Este corto o escena inaugural cosechó más aplausos en la entrega de premios del festival que muchos de los cortometrajes ganadores, incluidos los de algunos del jurado (mención especial  mereció el que presentó Lucrecia Martel: "Pescados". Tela.) 


martes, 14 de febrero de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... Los puentes de Madison (Clint Eastwood,1995)

  Spoilerazo, y de los que duelen.

  Una de las escenas dramáticas más impresionantes del cine de los noventa. Una buena muestra del estilo sobrio pero con nervio del gran Eastwood, que hace gala de la contención formal que subraya aún más la intensa carga dramática de la escena, capaz de hacer llorar hasta al macho español (a partir del minuto 2:40, aunque todo en este monólogo es disfrutable).  

  Diálogo sin palabras entre dos amantes en la encrucijada que podría cambar sus vidas. Ella debe elegir entre el amor a su familia en un aburrido pueblo y la pasión que siente por el que es, sin sombra de dudas, el amor de su vida. Quedarse en el coche o abrir la puerta, correr bajo la lluvia y entrar en la camioneta.

  Por muchas veces que la hayamos visto y sepamos el final, todos le decimos a Francesca: "¡Vete, vete con él, deja a tu marido!" y todas las veces sabemos que no es posible y que nosotros, como ella, nos quedaríamos, no abriríamos la puerta.

  Esa certeza que sólo se tiene una vez en la vida, ese amor que uno deja escapar, aun sabiendo que se arrepentirá el resto de su vida. Porque así son las cosas.

lunes, 30 de enero de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... A dos metros bajo tierra (2001-2005)


A mi amiga 
 Adriana Martín de Aguilera

  Uno de los mejores finales de la historia de la televisión. Si no el mejor.

  Tenía que acabar así, no podía ser de otra forma. Conmovedor como pocos, sobre todo si se han seguido las peripecias de esta particular familia y la funeraria que regentan, si uno se ha encariñado con ellos. Debemos conocer su fin, como sabemos el de sus "clientes".


  Este final nos hace sentir su falta, la amarga sensación que provoca la pérdida y la conciencia de lo inevitable, y aún es más, la conciencia de que debemos aceptar lo inevitable. Porque no nos queda otra, porque siempre ha de haber un final, ya sea en el cine, la televisión, o la vida. 


  Aunque no nos guste. Aunque nos neguemos a aceptarlo. Esto que llamamos vida, esta poca cosa o esta enormidad (que decía Rosa Montero en la impresionante columna Una vida que escribió el día después de la muerte de su pareja, Pablo Lizcano)es así. Podemos y debemos luchar contra ella, pero ella es así.


miércoles, 18 de enero de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... Amarcord (Federico Fellini, 1973)

  Tenía que aparecer esta escena en este blog.

  Escena mítica, el personaje de la estanquera marcó a varios hombres de la generación de los nacidos en los cuarenta y cincuenta, poco acostumbrados por aquel entonces a tal despliegue cárnico en una película. De hecho, mi padre, una vez que le comenté que había visto esta película comentó: "Ah, sí, es ésa en la que salía una con unas tetas enormes". Y luego soltó unos gruñidos o unos soplidos.


  Así era como se conocía a este film en ciertos circuitos masculinos. La tetona de Fellini (cuyo verdadero nombre es Maria Antonietta Beluzzi), es, de hecho, una de las infinitas cosas que pedían que volviera Fito Páez y Joaquín Sabina en la larga retahíla final de su canción "Si volvieran los dragones", antes de que acabaran mandándose a la mierda.

  No sé si es cosa del cambio de los tiempos, pero nunca encontré muy erótica esta escena. Impactante y bizarra (en el incorrecto pero extendido significado, por ahora, que se le da en español a este término), sí. Yo, cada vez que la veo, me pasa como al protagonista, que siento que me asfixio (y eso que yo no estoy succhia y succhia que te pego). Aunque parece que ése es el chiste, hundirse en un océano de carne propio de una de Las Tres Gracias. 


  Tendré que hacérmelo mirar.



  P.S.: Sólo hay otra estanquera que pueda rivalizar en fama (al menos en el mundo hispano) con ella. Hablamos, por supuesto, de la gran Emma Penella en la película española de culto (basada en la obra de teatro de José Luis Alonso de Santos) "La estanquera de Vallecas", de Eloy de la Iglesia.

lunes, 9 de enero de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... No te muevas (Sergio Castellito, 2003)

  Consagración internacional de Penélope Cruz, que poco tiempo después se vería definitivamente reforzada con su gran papel en "Volver" de Almodóvar. La Cruz es más fotogénica que buena actriz, sin por ello ser mala, ni mucho menos, pero la gran parte de las veces no termina de resultarme creíble y le encuentro cierta tendencia a la sobreactuación. Sin embargo, puede enorgullecerse de tener un puñado de buenos papeles que ha interpretado de maravilla, sobre todo si detrás se encuentra un buen director que sepa guiarla. 

  Éste de Italia, la puta arrastrada protagonista de la película dirigida por el actor que le acompaña en la escena, Sergio Castellito (también magnífico), basada en la novela "Non ti muovere" de su esposa Margaret Mazzantini es uno de sus mejores papeles, por el que ganó el David di Donatello (el Goya italiano). Su siguiente film "Venuto al mondo" es obra del mismo director, basado nuevamente en una novela de su esposa. Esperemos que vuelva a hacerlo igual de bien.

  Hay que reconocer que está impresionante: frágil pero fuerte, tiernamente desamparada y con una expresividad en la mirada como en pocos papeles ha demostrado, la naturalidad de su interpretación se debe en gran medida al perfecto acento italiano conseguido a fuerza de clases de dicción, cosa que no le ocurre con el inglés, que habla con un marcado acento español que la encasilla en papeles latinos. 

  El diálogo que se desarrolla en esta escena no tiene desperdicio. Después de decirle a su amante como se enteró de que la esposa de éste estaba embarazada por un gesto que hizo cubriéndose el vientre, dice, tras un silencio:

            -Mi vida ha sido toda así: llena de pequeñas señales que me vienen a buscar.
            -No me perdonarás nunca, ¿verdad?
            -Dios  no nos perdonará.
            -Dios no existe, amor mío.
            -Esperemos... esperemos, amor mío.

viernes, 6 de enero de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... El gran dictador (Charles Chaplin, 1940)

  Para felicitar el día de Reyes, aporto mi personal regalo en forma de escena deliciosa efectuada por un rey del cine. Además, en ella el protagonista también juega, como muchos niños hoy con sus regalos nuevos. Eso sí, sigo sin ser original: podría haber escogido entre muchas de las maravillosas escenas de la película, como el conmovedor y humanista discurso final, de obligado visionado para aspirantes a políticos y no sólo a ellos. O ese otro discurso maravilloso en un idioma inventado y sospechosamente parecido al alemán, ejemplo de su prodigiosa comicidad física y homenaje al cine mudo, que creía superior al sonoro, pues en su opinión perdería expresividad al emplear el sonido. 

  Pero escojo la escena más conocida de la película, en la que, sin necesidad de palabras nos deja clara la personalidad de un dictador infantiloide que juega con el mundo a su antojo, literalmente, y además de una belleza exquisita y delicada.
  
  Chaplin dirigió esta comedia en 1940, para condenar el nazismo, cuyos estragos y voracidad imperialista habían comenzado a asolar Europa y más tarde el mundo. Aún no se conocían todas las atrocidades que se llevaron a cabo, ni los campos de exterminio, ni la limpieza étnica. Tiempo después, Chaplin reconoció que de haberlo sabido, no habría realizado la película.




miércoles, 28 de diciembre de 2011

Yo me acuerdo de esa escena de... Precious (Lee Daniels, 2009)

   De nuevo "spoilers". 

  La escena que viene a continuación es larga, pero merece verse cada segundo de ella. Es la escena cumbre de esta dura película, y se basa casi por entero en uno de los monólogos más brutales y estremecedores del cine reciente, con una portentosa interpretación de Mo'nique, actriz cuya infancia también estuvo marcada por los abusos y los malos tratos y que ganó un merecido Oscar a la mejor actriz de reparto por este papel. Si no me creen, vean.

  La escena también tiene otro importante punto a destacar, pues consiguió lo imposible: que Mariah Carey interpretase sin dar vergüenza ajena. Es más, que actuase hasta bien.

  La escena se encuentra en el siguiente enlace: http://www.youtube.com/watch?v=L26bnfsPb2A




domingo, 25 de diciembre de 2011

Yo me acuerdo de esa escena de... Eduardo Manostijeras (Tim Burton, 1990)

  La Navidad es para los niños. Cuando uno se hace adulto, empieza a acordarse de otros tiempos y otras Navidades y de los que estaban en esos otros tiempos y ya no están. Además, en Navidad parece que ser feliz es una obligación. Los niños nunca se sienten obligados a ser felices. Lo son o no lo son.

  Algo de esto transmite también esta película. Que la Navidad puede ser también una época triste, tan triste y tan feliz como lo puede ser cualquier otra época del año. Que quizá no comulgar con el espíritu general de la Navidad nos haga sentir raro, pero que a poco que investiguemos, veremos que el mundo está lleno de gente rara.

  Feliz Navidad a todo los raros.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Yo me acuerdo de esa escena de... J'ai tué ma mère (Xavier Dolan, 2009)

  Xavier Dolan es un canadiense tres años menor que yo y que ya ha dirigido, escrito, producido e interpretado tres películas y ganado tres premios en Cannes, además de ser preseleccionada por Canadá para competir en los Oscar con la primera, "J'ai tué ma mère" ("Yo maté a mi madre") que estrenó apenas cumplidos los 20. Bastantes motivos para que uno se agarre una depresión, excepto él, claro.
  
  El chico tiene talento. Escribe bien, con garra y energía y rabia juveniles pero también con profundidad. Tiene un original sentido estético y buen oído para los extractos musicales que incluye en sus cintas. Eso no quita (o quizá sea precisamente por eso)que tenga toda la pinta de ser insoportable, tanto en sus películas como en la vida real: con ese pelazo tan trendie, esos humos subidos, esa tendencia a gritar como un histérico y tanto empeño que parece tener en ir de moderno a toda costa por la vida uno no sabe si abrazarle por las hostias que le van a caer en su futuro personal o dárselas uno mismo todas juntas, en la boca. Dan más ganas de lo segundo, la verdad.
  
  En esta escena, que se desarrolla a partir del minuto 7:40, nos encontramos con una agria discusión entre madre e hijo donde este último le escupe todas las verdades a la cara, para terminar dirigiéndole una pregunta demoledora: 
 "¿Qué harías si me muriera hoy?"
  La respuesta de la madre es conmovedora. 
  
  La película es semiautobiográfica, contando la difícil relación de amor odio entre una madre y su hijo, que acaba por ser una declaración de amor filial, si bien a su pesar. A la pregunta de si a la madre del susodicho Dolan le había gustado, éste contestó: "Por supuesto que no".


jueves, 15 de diciembre de 2011

Yo me acuerdo de esa escena de... Los pájaros (Alfred Hitchcock, 1963)

    Una de las mejores películas del maestro Hitchcock, buena muestra del hábil y sabio uso del suspense, creando una sensación desasosegante con una sucesión de planos que varían de manera sutil pero inquietante y una cancioncilla infantil transformada en elemento perturbador mostrando en todo momento como futuribles víctimas a los niños de la escuela vecina que se preparan para salir (y con ello la sensación de amenaza y peligro), pero sin mostrarlos en pantalla. 


 

  
  Se ajusta perfectamente a la máxima que él mismo formuló al referirse al suspense, en la célebre conversación-entrevista que dio a Truffaut: 
La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple y hablo de ella muy a menudo. Sin embargo, en las películas frecuentemente existe una confusión entre ambas nociones.
Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de esta mesa y nuestra conversación es muy anodina, no sucede nada y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena completamente anodina, desprovista de interés.

Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que el anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y sabe que es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa en la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: "No deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar". En el primer caso, se han ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso, le hemos ofrecido quince minutos de suspense. La conlusión de ello es que se debe informar al público siempre que se puede, salvo cuando la sorpresa es un "twist", es decir, cuando lo inesperado de la conclusión constituye la sal de la anécdota.

  Como curiosidad, esta secuencia se describe plano a plano en la página 77 de la ¿novela? de Agustín Fernández Mallo "Nocilla Dream".



viernes, 9 de diciembre de 2011

Yo me acuerdo de esa escena de... Amor a quemarropa (Tony Scott, 1993)

Dedicado a Kika Quintana

[Escribo desde un ordenador extranjero, por lo que no habra tildes en lo que voy a escribir. Me veo obligado a anunciarlo aun sabiendo que mucha gente no se daria cuenta; soy de la LOGSE y se de lo que hablo.]

  Uno de los pocos casos en que para hablar de un film se refiere uno a su guionista y no a su director, Amor a quemarropa tiene uno de los mejores dialogos de la historia del cine, disfrazado de monologo de Dennis Hopper acerca la historia de Sicilia y los sicilianos y que no es sino el insulto final de un hombre que sabe que va a morir pero se asegura de que su asesino, mafioso profesional y siciliano, no se olvide de su cara, y no ser asi un muerto mas en la lista del mafioso, ganandose la admiracion y el respeto del tipo, en una especie de rara concepcion del honor entre caballeros tan del estilo de Tarantino, cuya impronta se aprecia tambien en lo aparentemente trivial del dialogo y en la naturalidad de sus actores, que estan disfrutando a lo grande de sus lineas. Una leccion de interpretacion de Chritopher Walken y Dennis Hopper.


P.S.: como curiosidad, indicar el extraordinario parecido de la conocida musica de este film, compuesta por Hans Zimmer y de Malas Tierras de Terence Malick, dirigido en los setenta. En la red se puede encontrar una buena comparativa (y no solo de musica) entre ambas cintas.