Dirección: Steve McQueen.
País: Reino Unido.
Año: 2011.
Duración: 99 min.
Interpretación: Michael Fassbender (Brandon), Carey Mulligan (Sissy), James Badge Dale (David), Nicole Beharie (Marianne), Hannah Ware.
Guion: Steve McQueen y Abi Morgan. "Pornografía" según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en su primera acepción es el carácter obsceno de obras literarias o artísticas. Entiéndase por obsceno aquello ofensivo al pudor. ¿Es "Shame" -la película más polémica del año, con un buen número de desnudos integrales y abundante sexo explícito- pronografía? Sí, lo es, pero no por mostrar un buen número de desnudos integrales y abundante sexo explícito, sino porque hace algo mucho peor y más impúdico: muestra, en toda su insoportable crudeza, el alma atormentada de un hombre que se desprecia a sí mismo. Y porque es una obra de arte.
Brandon es un hombre de treinta y tantos años que vive en un confortable apartamento en Nueva York y es adicto al sexo. Un día, el ritmo metódico y ordenado de su vida se ve alterado por la imprevista llegada de su hermana Sissy, una chica rebelde y problemática. Su presencia explosiva llevará a Brandon a perder el control sobre su propio mundo.
En realidad, había perdido el control hacía mucho tiempo, sólo que la llegada de ese soplo de vida que es su hermana le hace darse cuenta de su propio vacío vital: en la primera escena de la película Brandon está tendido entre las sábanas de su cama, desnudo, presumiblemente después de haberse acostado con alguna mujer, pero su quietud y su inexpresividad le hacen parecer un muerto que está siendo amortajado. Lo obsceno, pues, no son las gráficas escenas de sexo, absolutamente necesarias en la trama, sino esa caída libre del personaje en la miseria humana más absoluta, que es la verdadera fuerza motora de la historia, hasta tal punto que el sexo pasa a ser secundario frente a la debacle que uno presencia con verdadera angustia. Porque se pasa mal, muy mal viendo esta película, que, definitivamente, no es de palomitas ni busca serlo. Es más que entretenimiento, es la disección en carne viva del alma herida de un hombre que siente asco de sí mismo.
Ese hombre es un impresionante (por ponerle un adjetivo, porque los que hay, o sobran o se quedan cortos) Michael Fassbender, que con este film se reivindica como actor de raza, uno de los mejores de su generación. Transmite con su cuerpo ávido de amor, con sus pajas tristes, con su cara transmutada en una expresión de angustia en el momento del orgasmo, con su mirada rota, una tristeza y soledad infinitas, en una composición descarnada y verdadera. Hace falta ser muy valiente para atreverse con un personaje como éste, para desnudarse no sólo física, sino emocionalmente. Michael Fassbender, el que sería el más justo y digno ganador del óscar a mejor actor de este año, no está ni tan siquiera nominado. Las razón que suena con más fuerza para que se haya cometido esta injusticia: los conservadores miembros de la Academia no ven con buenos ojos que se desnude frontalmente en varias ocasiones. Que enseñe la polla, vamos, y más en concreto, una polla como ésa que hace que George Clooney sugiera que puede jugar al golf sin manos. Quizá han creído que como su miembro es del tamaño de la estatuilla, no la echará de menos. Yo, sin embargo, creo que el agravio es mayor: tampoco la han nominado a mejor actor secundario. Junto a él, una deslumbrante Carey Mulligan, poseedora de una presencia cinematográfica incomparable, un halo de digna fragilidad que se disfruta en cada uno de los segundos de su ya antológica escena en primer plano cantando una lenta y melancólica versión de "New York, New York" que no es sino un mensaje cifrado a su hermano, una secuencia tan espectacular en términos actorales como ese diálogo entre ambos actores, todo un derroche de talento y realismo interpretativos.
Sus interpretaciones son ensalzadas por una dirección personal y muy peculiar, con una cuidadísima y estilizada estética que transforma lo vulgar en una belleza delicada, gracias a una magnífica fotografía y a una banda sonora que subraya de manera sutil las emociones, otorgando a toda la cinta una atmosférica personalidad. Se le puede achacar un ritmo demasiado lento y que nunca se explicite el pasado de ambos hermanos, pero es una elección estética y narrativa: en sus prolongados y silenciosos planos vislumbramos un pasado tan terrible y doloroso que no puede ni quiere ser nombrado y que es el responsable de su desolación, la cual encaran de maneras opuestas: ella desde la luz, él desde la oscuridad.
Porque hay algo que ella ha aprendido y que él no, una frase que ella pronuncia y que resume toda la película: No somos malas personas, sólo venimos de un mal lugar.




