lunes, 28 de noviembre de 2011

James Bond no es rubio natural

Quantum of Solace


Dirección: Marc Foster. Año: 2008.
Duración: 108 min. Interpretación: Daniel Craig (James Bond), Jeffrey Wright (Felix Leiter), Mathieu Amalric (Dominic Greene), Gemma Arterton (agente Fields), Olga Kurylenko (Camille), Judi Dench (M), Giancarlo Giannini (Mathis).

  Después de tantas críticas recibidas cuando se supo que el caucásico Daniel Craig interpretaría al primer James Bond rubio de la historia. Después de acallar a todas esas bocas cuando demostró que puede rivalizar con Sean Connery, tras brindarnos la entretenidísima pero con sustento “Casino Royale” y de hacernos pensar que la saga Bond revitalizaría y resurgiría después de haber perdido fuelle durante las últimas entregas. Después de toda la expectación creada al saber que el interesante y versátil director Marc Foster sería el encargado de llevarla a cabo. Después del comienzo espectacular de esta última “Quantum of Solace” que te hace ver cómo Bond deja para el arrastre un Aston Martin. Y  todo para que al final volvamos a lo que parecía ya superado. Este último Bond entretiene (qué menos) pero llega a provocar indiferencia conforme avanza la trama enrevesada (eso no es una pega) y mal explicada (eso sí es un defecto).

 La película continúa donde terminó la anterior (lo cual es una novedad interesante dentro de la saga): traicionado por Vesper, la única mujer a la que Bond se permitió amar, 007 lucha contra sus deseos de venganza, mientras se involucra en la investigación sobre la organización que chantajeó a Vesper Las pistas le conducen a Haití, donde Bond conoce a la bella y luchadora Camille que le conduce hasta Dominic Greene, hombre siniestro y jefe de la misteriosa organización. En una misión que le lleva a Austria, Italia y Sudamérica, Bond descubre que Greene conspira para lograr el control total de los recursos naturales más importantes del mundo.

   Bond continúa siendo uno de los personajes más carismáticos del cine, y sigue haciendo películas de acción de calidad que son puro entretenimiento. Pero después de esa gran película que es Casino Royal, esperábamos algo más. Sustancia.  Tramas elaboradas que conjugasen los efectos especiales desopilantes con dilemas morales, propios de un Bond más profundo. Daniel Craig loconsiguió en esa película, y en esta también, pero ha perdido gran parte de su peso dramático en escenas de acción pirotécnica que, en gran parte, nos resultan ya vistas. Aún así, tanto la primera como la última secuencias son espectaculares. Pero Bond vuelve a resultar tan artificial como cuando lo interpretaba Pierce Brosnan o Roger Moore en sus últimos años. Si a esto se le suma que ciertos aspectos inamovibles de la saga no han sido muy acertados -el caso de la canción, una de las peores de una peli Bond durante los créditos iniciales más insulsos de esta saga-, o directamente han sido eliminados: la famosa frase, ya mítica, destaca por su ausencia así como el hecho de que Olga Kurylenko, una de las chicas Bond más guapas y que menos reparos tiene en desnudarse (a tenor de otras peliculas y de las numerosas portadas en las que sale ligera de ropa) no acabe en la cama con el agente británico.

  Para todo el que quiera pasar un rato distendido, Bond siempre es una buena opción. A veces no cumple las expectativas, pero siempre se acaba volviendo a él.

   P.S.: Me dormí en el cine viendo esta película. Un par de cabezadas, tampoco tanto. Yo casi nunca me duermo en una sala de cine (sé que hay profesionales de esto), y menos en una de acción (por eso de los disparos y las explosiones), así que hay que reconocerle el mérito, ¿no?


El peaje de los elegidos

El solista


Dirección: Joe Wright. Año: 2008.
Duración: 117 min.
Interpretación:
Jamie Foxx (Nathaniel Ayers), Robert Downey Jr. (Steve Lopez), Catherine Keener (Mary)


  No hace mucho murió el hombre que inspiró “Rainman”, película que quizá sea el ejemplo más conocido de un innombrado subgénero cinematográfico: aquél que retrata a genios asociales, precisamente a causa de su genialidad, por lo general aquejados de problemas psiquiátricos (como John Forbes Nash Jr, cuya historia se convirtió en “Una mente maravillosa”. El cine ama a estos personajes reales por lo que tienen de extraordinario y atormentado, a caballo entre el cielo y el infierno.

  El periodista en crisis Steve Lopez  busca material para su columna cuando, tras un accidente, encuentra a Nathaniel Anthony Ayers, que había sido un prodigio de la música clásica, pero que ahora toca el violín en las calles de Los Ángeles. Mientras Steve se esfuerza en ayudar al sin techo a recuperar su vida, nace una amistad única que cambiará la vida de ambos.

  Nos encontramos ante una historia tópica y bienintencionada, muchas veces vista y tan fácil de ver como de olvidar, que debe su principal baza al buen hacer de sus actores protagonistas: un Robert Downey Jr. siempre creíble y entregado y un concienzudo Jamie Foxx sabedor de tener en sus manos un papel jugoso y oscarizable, a pesar de que la cinta haya pasado desapercibida en su distribución internacional y llegue con retraso a nuestras salas. Tampoco nos olvidamos del solvente trabajo de los secundarios, encabezados por Catherine Keener, que nunca será lo bastante reconocida, y por la verdad que aportan las interpretaciones (si podemos llamarlo así) de los enfermos mentales que conforman la comunidad en la que el músico ha de vivir, habilitada por los servicios sociales. El resultado habría sido muy anodino de no ser por la eficiente dirección de Joe Wright, aquí menos inspirado que en sus películas anteriores como “Orgullo y prejuicio” y “Expiación”, quizá por tratarse de una película de encargo; pero que ha sabido rodearse de su excelente equipo para elevar el nivel de la cinta, labor en la que tiene una gran importancia la banda sonora de Dario Marianelli, con permiso de Beethoven.

  Aún así, se agradece una historia de amor masculino, sin ninguna otra connotación más que la de plasmar una amistad sincera y profunda entre dos hombres que se demuestran su afecto y no temen decirse que se quieren. 


EL HOMBRE LOBO (Otra de monstruos)


Dirección: Joe Johnston
Año: 2009.
Duración: 104 min.
Interpretación: Benicio del Toro (Lawrence Talbot), Anthony Hopkins (Sir John Talbot), Emily Blunt (Gwen Conliffe), Hugo Weaving (Abberline), Geraldine Chaplin (Maleva).


  Dejémoslo claro: no me gustan las películas de monstruos. Y, sin embargo, esta nueva versión del clásico de la Universal me ha gustado, aun sin aportar nada nuevo al género, aun cuando intentan venderlo como una metáfora de la dualidad humana y del amor atormentado y romántico. No. Es una película a la antigua usanza, un homenaje a esas películas que en su más tierna infancia veían tanto el director como los productores, pero con más sangre, más dinero y casi un siglo de adelantos digitales y técnicos en lo que concierne a los efectos especiales y el maquillaje.

  Con motivo de la desaparición de su hermano, Lawrence Talbot, un noble que vuelve a la casa familiar situada en el pequeño pueblo de Blackmoor, tras una infancia atormentada por el suicidio de su madre, se reencuentra con su padre, un hombre excéntrico que nunca le ha mostrado cariño. La prometida de su hermano, Gwen Conliffe, le pide que busque a su desaparecido amor, y así Talbot se entera de que alguien o algo brutalmente salvaje y con una insaciable sed de sangre ha matado a varios habitantes del pueblo y que un suspicaz inspector de Scotland Yard llamado Abberline ha venido a investigar los crímenes. Cuando Talbot empieza a reunir las piezas del sangriento rompecabezas, descubre que existe una antigua maldición que convierte a los hombres en lobos con la Luna llena.

  Magníficamente ambientada en una Inglaterra victoriana y lóbrega, propia de Jack el Destripador, la historia discurre con fluidez y solvencia para entretener al espectador unos minutos ofreciéndole un divertimento inocuo, pero técnicamente elaborado en lo que concierne a las espectaculares transformaciones del protagonista cuando la luna llena le ilumina, auténticos momentos cumbre de la cinta. La calidad del elenco, con un improbable Benicio del Toro como lord inglés, pero  entregado como licántropo, en duelo interpretativo con el siempre grande Anthony Hopkins ayudan a aportar algo de profundidad a una historia que pretende ser algo más, pero que prefiere quedarse en una muy digna revisión del mito cinematográfico, modernizándolo pero con la vista puesta en él, lo que le da un extraño encanto retro a la cinta.

  Los espectadores no encontrarán una obra maestra del terror, pero ni los productores ni el director contaban con ello en mente: ellos sólo querían volver a ser esos niños que veían las películas de la Universal.


Esos cielos

Ágora


Dirección: Alejandro Amenábar.
Duración: 126 min.
Interpretación: Rachel Weisz (Hipatia), Max Minghella (Davo), Oscar Isaac (Orestes), Ashaf Barhom (Amonio), Michael Lonsdale (Teón).

  Decía  Rachel Weisz en una entrevista que lo que más le gustaba de Ágora -película que en una semana se ha convertido en la cinta más taquillera del cine español, en contra del deseo de unos cuantos, que esperaban que Amenábar se la pegara- eran los cielos estrellados, puesto que ella tenía que mirar a un chroma, una pantalla verde, donde luego serían insertados digitalmente para convertirse así en objeto de las divagaciones siderales de la astrónoma Hipatia, personaje olvidado de la Historia, que Alejandro Amenábar ha recuperado para el gran público en una loable película de cuidadas imágenes, como esos cielos.
Alejandría. Siglo IV d.C. Los cristianos mantienen una lucha de poder con los judíos y los paganos por la supremacía religiosa al tiempo que la filósofa, científica y astrónoma Hipatia, atea, lucha por preservar el raciocinio y la cultura que guardan los manuscritos de la famosa biblioteca, donde imparte clases a los que serán los futuros dirigentes de la sociedad occidental, lo cual la convierte en una figura de gran poder intelectual, cosa con la que no están conformes los cristianos.

  Es un “halago” recurrente decir que una película española no lo parece, y ésta es la película menos española de Amenábar, que ya está acostumbrado a recibir estos “elogios”. El diseño de producción es espectacular, con unos grandísimos (en calidad y dimensiones) decorados, un vestuario creíble y una puesta en escena muy trabajada. Técnicamente es impecable y apabullante, con modélicos planos de masas y elaborados encuadre y fotografía. Tanto empeño y dedicación ha puesto en la elaboración de las imágenes que abusa de algunas de ellas, como los planos que muestran la Tierra desde el espacio. Y es que se aprecia claramente que Amenábar se ha esmerado más en la labor técnica que en otros aspectos más “emocionales”. Pues el principal defecto de la película es su frialdad: parece un estudiado ensayo histórico cinematográfico rebosante de racionalidad -como la heroína protagonista, que de tan estoica y desapasionada causa casi indiferencia-, que no logra crear el suspense de otras películas del director como “Tesis”, ni la hondura emocional de “Mar adentro”, salvo en los momentos finales del film.  Los actores están todos correctos y, por encima de ellos, sobresale Rachel Weisz, aunque su personaje no sea muy empático y cuya principal motivación y logro del film sea el descubrimiento del heliocentrismo, aspecto más que discutible por anacrónico, pero que gracias a la ausencia de datos y escritos sobre la filósofa permite que se elucubre libremente sobre sus supuestos hallazgos, imposibles de certificar.

  Se trata, a pesar de esta “frialdad” que hace que sea vista con cierto distanciamiento, de una buena película, diferente del cine que se hace en este país, que constituye un entretenimiento inteligente y hasta cierto punto exigente, pero que no se hace pesada. Una película que, dada su espectacularidad, merece ser vista en una sala de cine.


domingo, 27 de noviembre de 2011

Yo me acuerdo de... Los días (Days, Philip Larkin)

Days
What are days for?
Days are where we live.
They come, they wake us
Time and time over.
They are to be happy in:
Where can we live but days?
Ah, solving that question Brings
the priest and the doctor
In their long coats
Running over the fields

Días
¿Para qué sirven los días?

Los días son donde vivimos.

Vienen, nos despiertan
Una y otra vez.
Son para estar felices
en ellos.
¿Dónde podemos vivir,
sino en los días?

Ah, solucionar esa pregunta

Trae al cura y al doctor

Con sus largas chaquetas
Corriendo a través de los campos.

  Philip Larkin fue uno de los más importantes poetas británicos del siglo XX. Conocido por su estilo llano y simple para reflexionar sobre la problemática de la existencia como en éste es uno de sus más alabados poemas. Aquí, el mismo poema, leído por él mismo: 


  Pero su poema más conocido es "This be the verse" (Este es el verso), uno de los mejores poemas del siglo XX, del cual el autor estaba tan orgulloso que quería que una legión de mil chicas lo recitaran a su muerte, y cuyos primeros versos se han convertido en frase hecha que pasa de boca en boca entre adolescentes y no tanto, para describir las conflictivas relaciones entre padres e hijos (tanto, que llegó a usarse en un juicio que trataba de determinar la custodia de un hijo*): 

They fuck you up, your mum and dad. 
  They may not mean to, but they do. 
They fill you with the faults they had 
  And add some extra, just for you.


              Te joden, tu mamá y tu papá.

              Podrían no hacerlo, pero lo hacen.
              Te llenan con los defectos que tenían
              Y agregan algo extra, justo para ti.

  Por último, una animación con el poema al completo:



Artículo sobre el poeta en la Wikipedia:

Yo me acuerdo de esa escena de... Y la nave va (Federico Fellini, 1983)

Fragmento de la película Y la nave va (E la nave va) de Fellini en el que se interpreta el Momento Musical nº 3 de Schubert con copas de cristal.







THE LOVELY BONES (Un triste consuelo)


Dirección: Peter Jackson.


Duración: 139 min.


Interpretación: Mark Wahlberg (Jack Salmon), Rachel Weisz (Abigail Salmon), Susan Sarandon (Lynn), Stanley Tucci (George),  Saoirse Ronan (Susie Salmon).



  Tenía una profesora de guión en París que decía que había dos cosas que el espectador no estaba preparado para ver en una película: la zoofilia o bestialismo, y el asesinato no vengado de un niño. Esta mujer había escrito guiones sobre ambos temas, y ninguno salió adelante. Estos europeos… Los autores del viejo continente no piensan tanto en el público como los norteamericanos, por eso estos últimos son los que dominan el mercado. Parece que Peter Jackson ha tratado de transgredir esta norma, pero finalmente no se ha atrevido a llevarla hasta sus últimas consecuencias, quizá porque es imposible escapar de las pretensiones de la industria.

  Pensylvania, 1973. Susie Salmon, una niña de catorce años es asesinada. Desde el más allá observa a su familia y a su asesino mientras se debate entre saciar su sed de venganza y el deseo de que su familia se recupere.

  Parece que el bueno de Jackson abandona las historias titánicas y épicas para abordar una narración más íntima, pero no por ello renuncia al uso (y a veces abuso) de efectos visuales epatantes y espectaculares, sin duda, lo mejor de la película en su creación de ese limbo infantil y multicolor, tan pop y a la vez tan turbio por momentos. Y es que la película oscila continuamente, sin encontrar un equilibrio, entre la ñoñería más glauca y la violencia (sugerida, que es peor) más cruda, encarnada en ese desasosegante y repulsivo asesino que encarna a la perfección Stanley Tucci, al que odias con toda el alma durante el tiempo que dura la película. Es el mejor de todo el elenco actoral, francamente desaprovechado en pos de lo visual en una historia que no lo requería tanto, lo que resulta sangrante si contamos con el talento de Susan Sarandon, Rachel Weisz y ese genio precoz que es la actriz Saoirse Ronan (nominada al Oscar con sólo trece años por “Expiación”), que da vida (paradójicamente) a una adolescente que crece y descubre los misterios de la vida después de muerta.

  Porque la película no es sino un original viaje iniciático, con el que es fácil identificarse y empatizar, y quizá por eso (y puede que éste sea su mayor logro y a la vez su principal defecto) resulte tan irritante ese final a medio camino, como para contentar a todos, pero sin definirse, que no se arriesga a mostrar al criminal impune, pero tampoco se atreve a dejarlo libre; que nos da venganza pero no, que da una suerte de justicia facilona, un triste consuelo que no consuela.